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Cuarto desacuerdo

Del insilio al exilio. Somos todos extranjeros


Curador: Arlindo Machado

La idea de esta curaduría nació después de algunos seminarios realizados en Buenos Aires, bajo la coordinación de Néstor Canclini, enfocado a comprender, en todos los campos sociales, las nuevas acepciones del término extranjero que se impusieron a partir de la globalización y de la informatización forzada del planeta. Ser extranjero hoy en día puede ser, por ejemplo, no estar conectado a Internet. Pero aunque migremos al exterior, aunque nos interesemos por cuestiones globales, como el tema palestino, la tragedia de los negros en África, los exiliados políticos, etc., aun así no nos desconectamos de las temáticas de los lugares de donde venimos, no nos desprendemos totalmente de los estilos y estéticas de nuestros países de origen. El acento de nuestra forma de hablar, el color de nuestra piel y los detalles de nuestra formación racial nos denuncian como extranjeros en cualquier lugar por donde pasemos. Por otra parte, los que se quedan en sus países no pueden dejar de pensar en cuestiones globales y considerar la suerte de aquellos que están lejos de nosotros. La palabra extranjero deriva del francés arcaico estrangier, que a su vez es una alteración del latín extraneus (extraño). Aunque literalmente los diccionarios definan extranjero como una persona o una cosa de otra nación, la connotación más fuerte es la de extrañamiento, algo o alguien que yo no puedo comprender. Hay una sutil diferencia entre la manera como empleamos la palabra extranjero y la palabra exótico, aunque sus significados semánticos sean bastante cercanos (exótikós, en el griego antiguo, significaba “lo que viene de otro país”). Pero exótico terminó por adquirir una connotación más positiva, es aquello que me fascina por lo diferente. Exótico es lo que me seduce de lo extranjero. Cuando viajo al exterior, compro piezas de la artesanía local que me encantan por su exotismo (ya que, para mí, esos objetos no tienen ningún valor cultural o sagrado). Hay gente a la que le gusta coleccionar objetos que provienen de países distantes y que producen una atracción justamente por su diferencia. No es por azar que los franceses llaman esas colecciones chinoiserie, aun cuando las piezas no provengan de la China. La palabra extranjero, sin embargo, carga connotaciones más asociadas con el miedo de aquello que es extraño. Extranjero es lo que yo no entiendo, lo que me incomoda y me amedrenta. En los videos de Muntadas del proyecto On Translation: Fear, las personas que viven cerca de la frontera entre México y los Estados Unidos (Fear/Miedo, 2005) o en los dos lados del Estrecho de Gibraltar, entre España y Marruecos (Miedo /ف ض, 2008), hablan de aquellos que viven del otro lado como algo amenazante, imprevisible, de lo que es preciso protegerse. Por otro lado, desde el punto de vista de aquel que está en la situación de extranjero, los sentimientos más comunes son los de aislamiento, discriminación y enfrentamiento con la hostilidad ajena.

A comienzos del siglo XX, los llamados formalistas rusos, sobre todo uno de ellos, Victor Chklóvski (1973: 26), formularon la teoría del extrañamiento (остранение). Ellos defendían un conjunto de técnicas de construcción artística, cuya función sería la de perturbar nuestras percepciones rutinarias y forzar la sensibilidad a “extrañar” el orden simbólico que se nos presenta: el discurso difícil y tortuoso, el punto de vista no familiar deberían impedir el envolvimiento inocente y exigir el empeño del lector/espectador para decodificar un “texto” aparentemente refractario y extraño. La idea era escribir libros y hacer films de forma extranjera, con estéticas que no fueran las del mercado, con técnicas que no fueran las de la “calidad”, con lenguas que no fueran conocidas ni siquiera en sus lugares de origen. Hablar en lenguas extrañas, como los pentecostales, ser extraño o extranjero en la propia casa, en el propio país o en cualquier otro. Jamás exótico(1).

(1) Canclini, Néstor García (2009). “Los Muchos Modos de Ser Extranjeros”. Extranjeros en la Tecnología y en la Cultura. N.G.Canclini, org. Barcelona: Ariel.
Chklóvski, Victor (1973). Sur la théorie de la prose. Paris: L’Age d’Homme.
Krauss, Rosalind (1978). “Video: the Aesthetics of Narcissism”. New Artists Video. Gregory Battcock, ed. New York: Dutton.
Naficy, Hamid (2001). An Accented Cinema. Exilic and Diasporic Filmmaking. Princeton: Princeton Univ. Press.


El insilio en México. Frontera. Bordo de mí misma

Curadora: Araceli Zúñiga

En esta sociedad de inicio de siglo, el proyecto visual, y las escrituras múltiples (experimentales, desde luego) son equivalentes a la nueva imprenta y a los otros libros, con sus nuevos códigos y sus otros soportes, por supuesto amerindios, americolatinos. Pero para acceder a este continente inexplorado de la experimentación debemos trabajar la palabra imagen, descontextualizándola de su lectura semiótica tradicional para darle otra forma y, por lo tanto, otro significado. Los otros que somos nosotras. Las otras. Las invisibles. Las no vistas. Las desterritorializadas. El videoarte –específicamente el indígena y de género- representa un proyecto radical de lectura y escritura, las tlacuilas; escrituras no lineales, transdisciplinares, multidireccionales, multiétnicas, contraculturales: encanijadas y cábulas para explorar nuestra propia voz femenina. De unos años para acá, y cada vez más, videastas indígenas provenientes de comunidades rurales y urbanas de México han ido articulando en su producción audiovisual puntos de vista que reflejan la riqueza y diversidad de la población indígena del país, que se enfocan en problemáticas muy específicas, aunque no de forma esclusiva. Atravesando fronteras lingüísticas y geográficas, estos trabajos han abierto espacios para mostrar las realidades de los pueblos indígenas de México. Uno de los aspectos más reconocibles del video indígena en México es el rol que ocupa la comunidad en el proceso, ya sea incidiendo directamente o desde el imaginario de las autoras. Las realizadoras han abordado diversas temáticas y varios géneros: documental, experimental, video-carta y más recientemente, ficción. También se produce en lenguas indígenas, abordando temáticas de conservación cultural, y a menudo con la participación de jóvenes, pero, y resulta muy interesante, sin excluir al resto de la comunidad. Trabajando en estas condiciones, las organizaciones de medios indígenas han demostrado flexibilidad y creatividad en sus esfuerzos por mantener la exploración artística individual sin dejar de prestar servicios a las comunidades. El video ha sido instrumental en el fortalecimiento de movimientos de base. En muchas instancias, el video ha jugado un papel importante en campañas de derecho territorial, denuncias de abuso a derechos humanos y, de manera importante, la defensa de los derechos de la mujer. El video experimental independiente y el video arte, la red de redes y todas las posibilidades tecnológicas recientes nos permiten la investigación sinestésica para explorar, buscar, re/crear nuestra iconosfera, no sólo visual sino espiritual, artística, estética y por lo tanto, filosófica y ética. Necesariamente de género. El trabajo que las artistas mexicanas realizan con el videoarte y el videoperformance es uno de los más ricos conceptualmente, de la Aldea/Mercado Global. Este videoarte indígena de género es sangre fresca y renovada, poderosa. Eliminando células muertas. Por ello nuestra respiración fisiológica/espiritual al leer estos códigos resignificados resulta otra. Diferente. Divergente. Otra. Lo personal es político. El video indígena de género mexicano, soporte enriquecedor de otras disciplinas artísticas y científicas; el video como medio en sí mismo para decir y mal/decir, proponer, registrar, re/ordenar, reajustar y Extra-Polar -Polarizándonos. Mi conclusión personal sobre el video arte y el video experimental de género en su condición indígena y mestizada es que representa el otro modo de hablar, de sentir y de pensar el mundo. Éste es un arte de resistencia y de afirmación. El video experimental, signo corrosivo de la plástica contemporánea al inicio del milenio, representa para las indígenas asumidas política y amorosamente -las americolatinas-, la indígena y mestizada posibilidad de búsqueda, de exploración para traducir y representar nuestra propia forma de ser, nuestra propia forma de ver, nuestra propia, plural, multidireccional, multidimensional, multiétnica, subterránea, transgresora mestizada e indígena forma de ser.

PROGRAMA VIDEO // INSILIO EN MÉXICO

Muestra de videoarte experimental, independiente y alternativo, escrito, realizado y producido por mujeres artistas indígenas mexicanas.

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