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Muestra Internacional

Los límites de la tecnología

Vivimos un estado donde no podemos escapar
de las confusiones conceptuales del modelo,
donde progreso equivale a desarrollo.

Argumentos de la piedra Roseta del futuro

En los años sesenta los grandes comunicadores definen los medios como extensiones de los sentidos del hombre. El efecto de esa acción multisensorial, de multiplicar la cantidad de impulsos dirigidos a la percepción de los sentidos humanos ha generado una adicción a ese sobregiro de contenido y a una ansiedad por abarcar los más medios posibles para dar la ilusión de tener más sentidos. Como una bola de nieve, estas nuevas emociones han generado un mercado de crecimiento explosivo de avances tecnológicos prometiendo un consumidor ya acostumbrado, por no decir reeducado culturalmente a la novedad.

Ese furor a las adicciones se confunden o justifican como si fuesen lenguajes. Es una metáfora similar a nuestra adicción a los combustibles fósiles, que ha creado literalmente una nube que ha cambiado el clima de todo el planeta. Los humanos nos hemos acostumbrado a hacer nubes de nuestros malos entendimientos, pero alejados del sentido común.

Hay hambre y codicia por la tecnología, simplemente por ser nueva. Hambre de visiones, desesperación por habitar un lugar donde el ojo quiere una imagen nueva cada dos segundos, sin importar cuál sea su hechura o densidad. Se producen chips de silicio irracionalmente, es una especie de pensamiento sintético que sólo dice, “quiero más”. Donde las fábricas de Oriente se solían quemar cada 5 años para subir artificialmente el precio mundial de los chips de memoria. Sinergia que se traduce en un ser humano siempre buscando ese objeto deseado, no necesariamente necesitado, que obliga a una actitud aprendida de la mercadotecnia que responde a un eje adicional de desdoblamiento caótico, híper-informático, conductista a lo imbécil, que forma sus propios patrones ilógicos, para justificar cualquier cosa. La masividad como filosofía, el nivel más bajo de entendimiento para mover cualquier inventario. Hemos originado una filosofía del hambre por la tecnología sin freno y sin paracaídas. La tecnología sumergida en una economía de consumo superactiva, en la que pensar es demasiado caro y no es competitivo.

Esta red desordenada e incompatible de tecnologías, RGB, PAL, VHS, NTSC, termina en una interfase que cambia nuestra manera de percibir la realidad. Estas interfases, televisión, computadora, microscopio, telescopio o teléfono contemporáneas, permiten ver un nanotubo, manipular atómicamente un material, ver la simulación de una erupción del volcán Popocatepetl, o una estrella, convirtiéndose en un agujero negro. Son ojos nuevos que permiten observar un universo extendido, desdoblado y multidimensional, pero en absoluto desorden. O por decirlo de otra manera, en un orden no dependiente de una lógica estructurada.

La experiencia nos rebasa a cualquier nivel de percepción. Vivimos tiempos de tecnología sobrada, atropellada y encarcelada en patentes, cuyo factor y denominador común es un esfuerzo que resulta obsoleto rápidamente. Una vida que viene a tener ciclos internos de obsolescencia, como muertes chiquitas donde el cassette Beta se vuelve irrelevante debido a que, al interior de esta obsolescencia tecnológica se pierde todo lo que llevaba adentro. Vivimos un sistema que visto en su manera más optimista, es un sistema potencial cuyos límites se dan a partir de la persona. El mejor ejemplo es que en estos dos últimos años hemos encontrado el final del sistema económico de referencia, pero no basado en sí mismo, sino en las personas que lo manejaron. Esa falta de posibilidad de éxito real e inteligente del futuro hace que la única solución aceptable sea ahora, un sistema sustentado en la desconstrucción social y económica. Por primera vez en la historia de la humanidad urge ir hacia atrás. Los límites de la tecnología son el final de mi dedo, si mi dedo entra o no en la minitecla de mi teléfono, independientemente de la sofisticación de la interfase, hay una limitación de escala humana, de espacio, de velocidad, de tiempo e ingestión que permite o no, el acceso o la creación de la información. Existen, por tanto, límites en mi posibilidad de lectura, entendimiento y pensamiento. El nuestro es un camino cada día más complicado, disperso, saturado, pero más fácil de usar, más automático, pero menos comprensible si tratamos de verlo como sistema. El buen uso y potencialización de este proceso, es cada día un proyecto más espacial, menos lineal. Sin embargo, otra contradicción, es que a esta fenomenología espacial y compleja, llena de necesidades se le trata de dar únicamente una lectura lineal cuando es una nube que tiene una lectura fractal. Esto conlleva a que el poder y la riqueza actuales requieran y dependen de la comprensión estructural de la nube y su relación con la imaginación para su adecuada visualización. Es ahí donde el artista tiene una ventana de oportunidad, una nueva geografía donde ya no es el museo el destino. Su lugar es un nicho especial todavía no creado en un organigrama que urge por reorganizarse. El poder visualizar este punto es poder establecer la conveniencia social del artista, un artista eficiente, más allá de ser un adorno. Es decir, la tecnología no se tiene que ver como software y hardware, ni como programación, ni inmediatez, ni low tech o high tech, sino como una manera de pensar hacia y en esos universos. (Las limitaciones que vivimos para ver propiamente que la mayoría de las visiones se clavan en el medio y no en el mensaje ¬– San Agustín y Mcluhan–, pensamientos parciales en la praxis tratando de parecer generales por lo que es definitivo saber que lo realmente global no puede ser lo particular).

Pensar a la tecnología sin valores desdobla otros universos de percepción e intereses, desde las guerras inútiles para probar tecnologías en seres humanos hasta sus matices intermedios. Lo que en buena medida obliga al artista a reconsiderar el nivel de la visión como herramienta. En Transitio_mx03 la “excusa de discusión” como diría Duchamp, se establece en la tecnología como origen del diálogo. Es de esa gran nube de tecnología que no constituye un Skynet (porque no tiene consciencia) en la que todos los participantes toman sus estrategias discursivas y dialógicas, como si fueran una gran sopa de elementos o una gran caja de cubitos de Lego, donde yo puedo escoger y ver lo que quiero ver, donde decido cuáles y cuántos cuadritos usar para armar un edificio. Por lo cual es inminente definir en el contexto de lo que se discute, los problemas existentes entre la imaginación y el imaginario, apropiándose un poco de los términos conceptuales, estéticos y políticos para encajarlos en definiciones propias. Allá donde la imaginación requiere estar construida y donde la imaginación es una herramienta del pensar, y el imaginario es lo imaginado, la falsa ilusión que se hace herramienta de un sueño guajiro. Siempre se pueden crear cosas muy interesantes de premisas falsas, siempre puede haber ejercicios de creación lúdicos y de nuevas religiones, pero no es lo que el escenario contemporáneo pide.

En estas reflexiones, hay destellos de esperanza, donde es posible leer entre líneas que existen las herramientas de un orden hábil de la tecnología, la solución del gran esquema es un problema cultural que cae en el dominio territorial de un artista contemporáneo con una nueva fisonomía, que no pertenece ya a ningún museo, salvo que el museo sepa que tiene que cambiar para ser un centro de operaciones que recoja el secreto de los artistas.

En Latinoamérica hay ejemplos de un pensamiento franco sobre la tecnología; pensamiento de ultravanguardia, como en el caso de los chilenos Humberto Maturana o Fernando Flores. El primero con la teoría de la propagación de la información celular en la evolución y, el segundo, con la creación de dominios de comunicación basada en la teoría de Maturana. Ambos son un ejemplo de cómo Latinoamérica tiene una vanguardia latente de reflexión con soluciones a los problemas locales y globales, muchas de las cuales han sido enterradas y destruidas por malos observadores.

Que hay una necesidad de sofisticación del diálogo, está claro, pero es por fuera de la revuelta retórica académica llena de necesidades. Se requiere de pensamiento paralelo que genere un diálogo que lleve a resultados. El fenómeno que lo frena se remite a la observación del teólogo Hans Kung, el cual define los problemas de valores, en patrones de pensamiento que tienen que ver con gente que sigue atrapada en sus paradigmas. Unos en el año cero, otros en siglo XII, y algunos pocos en el siglo XXI…

Estos paradigmas del pensamiento, atrapados cada uno en su ya vieja casilla y disfrazados uno de otro, hacen que el diálogo y el discurso sean siempre un desacuerdo.

Este relato nos lleva a la necesidad de una actitud de la que nos podemos servir eficientemente para entendernos, para construir lo que debe contener nuestro relato. Tránsitio mx03 sería la mesa redonda que sustituya al viejo museo, y que repare la dispersión que generan estos movimientos multisensoriales nacidos en lo que técnica y lingüísticamente es ya obsoleto.

Juan José Díaz Infante, Curador en Jefe


La Muestra Internacional está integrada por cuatro duplas curatoriales planteadas como cuatro desacuerdos:

Primer Desacuerdo: Disidencia. Non places & Device art

Curadores: Eduardo Navas y Machiko Kusahara

Curaduría en torno a prácticas artístico-tecnológicas en donde el desacuerdo se plantea en el uso y redimensión que los artistas dan a los dispositivos y cómo estos se dirigen de manera crítica a un punto distinto del que fueron originados.


Segundo Desacuerdo: Bifurcaciones sonoras

Curadores: Rodrigo Sigal y Arcángel Constantini

Curaduría en torno al espectro sonoro: conciertos, instalaciones sonoras, talleres, charlas. Una exploración a cuatro maneras de aproximarse al trabajo con la materia sonora, exploración que ofrece una perspectiva actual del estado de la música electroacústica y del arte sonoro:


Tercer Desacuerdo: *Dense local*

Curadores: Gunalan Nadarajan y Eduardo de Jesús

Curaduría en torno a prácticas artístico-tecnológicas, que observa cómo la producción local ha creado nodos generadores de un efecto densidad frente a la propuesta tecnológica global.


Cuarto Desacuerdo: Del insilio al exilio. Somos todos extranjeros.

Curadores: Arlindo Machado y Araceli Zúñiga

Esta selección busca confrontar las realizaciones más consistentes en el ámbito del video latinoamericano en los últimos años dentro de un movimiento de interpenetración de lo global con lo local y en la perspectiva de una internacionalización radical. La muestra propone una discusión innovadora sobre lo que marca el final de siglo XX y el comienzo del siglo XXI en términos humanos, sociales y artísticos. La idea es focalizar lo que están haciendo los latinoamericanos fuera de sus países de origen y como los que permanecen miran e interpretan lo que está sucediendo afuera.